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podcasts
sep
04
2010

Donde no hay comunicación, crece la intolerancia

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Radios comunitarias


La primera emisora que reclamó libertad en emisión y el derecho a comunicar en España hay que situarla en el año 70, en Barcelona, con la creación de Onda Lliure. De vida efímera, pues fue clausurada hasta cuatro veces, sería pionera de una lucha democrática que tendría con Onda Verde en Madrid, Radio Paraíso en Pamplona y Radio Klara en Valencia, las principales exponentes de una corriente ciudadana que tomaba la palabra y se expresaba por las ondas.

El espíritu de todas fue inspirado, sin lugar a dudas, por Beltolt Brech quien expresó (Teoría de la Radio, 1931) que “la radio podría ser el aparato de comunicación más formidable que imaginarse puede para la vida pública, un sistema de canalización enorme, o mejor dicho, podría serlo, si supiera no solamente hacer que el oyente escuchara, sino que hablase; no aislarlo, sino ponerlo en relación con los demás. Seria preciso que la radio, abandonando su actividad suministradora, organizase este aprovechamiento por obra de los mismos oyentes”. Esta hipótesis de partida, formulada por Brech, sobre el uso activo y ciudadano de la radio, junto a otra complementaria de Enzesberger basada en la proliferación y multiplicación del número de emisoras, para ampliar la base de  producción de cultura e información como elemento esencial de democratización social, tendrían una influencia capital en el desarrollo de la radiodifusión comunitaria a nivel internacional.

Con anterioridad a esta experiencia ciudadana de radiodifusión, los radio-clubs obreros en los años 30, las emisoras populares en América Latina, las radios de liberación e independencia en el Tercer Mundo o las teorías de la educación popular de Paolo Freire, serían un vivero de experiencias que nutrirán a la Radiodifusión Comunitaria en todo el mundo, dando lugar a una experiencia de comunicación democrática  que la misma UNESCO declararía de especial interés social por su práctica participativa, promotora de la cultura y derechos humanos, y favorecedora de un desarrollo humano democrático solidario y sostenible.

 

La ciudadanía toma la palabra.


Con la llegada del PSOE al Gobierno y en un ambiente de estabilidad democrática, la iniciativa ciudadana en radiodifusión se desarrolla. Incluso unas declaraciones del Ministro de Cultura (hoy Secretario General de la OTAN), Javier Solana, de apoyo al reconocimiento legal de estas emisoras, al igual que hizo Mitterrand en Francia a comienzo de los ochenta, estimularon la alegría por la prometedora perspectiva. Hoy, quince años después, tras una promesa incumplida del gobierno socialista, toleradas pero no apoyadas, amenazadas siempre y con clausuras puntuales, las emisoras comunitarias que sobreviven tienen un bagaje, experiencia y crédito personal que las constituye en una de las redes de ciudadanía más importantes en nuestro país.


La historia y las prácticas de las radios comunitarias nos permiten señalar un cierto número de características configuradoras de su realidad. Podríamos afirmar que su práctica apunta siempre hacia la democratización de la comunicación y de la sociedad, haciendo de la participación popular un elemento natural de su naturaleza. También su práctica apunta siempre a la desmitificación de la comunicación, donde el ciudadano es percibido como sujeto deseoso y capaz de transmitir información a sus semejantes y no simplemente como un objeto o consumidor. Finalmente podríamos subrayar que su práctica está centrada en la ciudadanía, en las personas y comunidades, en sus necesidades y problemas, en sus fuerzas y realizaciones.


La eclosión de múltiples experiencias de radios comunitarias ligadas a barrios populares Radio Vallekas, Enlace en Hortaleza, Merlín en Villaverde...en Madrid) a localidades (radio Actividad en Alcalá de Henares, Fortuna en Leganés, Frontera Radio en Jerez, Guiniguada en Las Palmas...) o al eco-pacifismo (Onda Verde...) junto a otras emisoras de tipo cultural o social surgirán inicialmente como una reacción a las tendencias de concentración y frente a unos contenidos informativos y culturales uniformadores que no recogen la diversidad expresiva de la sociedad.


Al igual que en otros países, en España la Radio Comunitaria será definida por la Oficina de Coordinación, una red donde se agruparon  más de medio centenar de iniciativas radiofónicas, como “aquellas emisoras sin finalidad lucrativa, gestionadas democráticamente por una asociación cuya función esencial es la radiodifusión, realizada desde la independencia política, económica e ideológica, fundamentada en el respeto y  desarrollo de los Derechos Humanos, que como expresión del ejercicio popular del derecho a la comunicación, brinda un servicio a la comunidad donde está ubicada o se dirige, favoreciendo su participación”. Una concepción de radio inequívoca que se aleja de quienes defienden su uso instrumental partidista, su uso hedonista y autocomplaciente o simplemente la utilización contra la democracia como ha habido experiencias en el difuso y contradictorio campo de los radios libres.


Así la ciudadanía tomaba la palabra y especialmente los jóvenes, los inmigrantes y refugiados, los grupos sociales organizados, los gays y lesbianas, las asociaciones ecologistas y pacifistas, colectivos de deportistas y poetas, los grupos de teatro y artistas, los estudiantes de periodismo, las músicas alternativas y amantes del cine...y también sindicatos y políticos ejercían democráticamente su derecho de expresión, asegurado por el artículo 20 de la Constitución, pero regulado de forma limitada y excluyente en la legislación de Ordenación de Telecomunicaciones y otras normas que no reconocían explícitamente la realidad de la radiodifusión comunitaria.


La práctica ciudadana de la radio comunitaria produce, en consecuencia, una demarcación real frente a, los medios de comunicación estatales o comerciales, configurando un tercer sector de la comunicación radiofónica orientado por una lógica cívica, participativa, de horizontalidad comunicativa, de pluralidad de palabra, de recuperación social de espacio radioeléctrico y autogestión popular, de universalidad y adecuación local. Una praxis radiofónica que cuestiona y produce cambios en los contenidos, en el lenguaje, en el tono, en los formatos radiofónicos y en general, en el modo de producción radiofónico, sin que esto excluya un sin fin de contradicciones y controversias internas en el proceso, producto de una realidad que experimenta, avanza, retrocede... y sobre todo, vive.

Redes que se extienden y conflictos.


La organización y coordinación de las radios comunitarias siempre ha ido configurándose en redes, es decir horizontalmente, no haciendo uso del principio de representación, acentuando el principio de participación de emisoras que se conciben  así misma como entidades autónomas que cooperan en objetivos y actuaciones comunes.

En el plano internacional a finales de los ochenta se desarrollan redes de emisoras, primero en Holanda (Octopus), después en Francia (FERL) y finalmente la más importante, con carácter consultivo en la UNESCO, AMARC (Asociación Mundial de Radios Comunitarias) con sedes en Canadá, Gran Bretaña y Ecuador como centros regionales de coordinación. Fue precisamente en la creación de AMARC, constituida en Managua, donde las emisoras españolas jugarían un importante papel, siendo Esteban Ibarra, ex – director de Onda Verde, elegido como secretario europeo para impulsar el desarrollo de la radiodifusión comunitaria en el viejo continente.

En España, diversas coordinadoras autonómicas y de ámbito nacional chocaban con la ausencia de interlocución institucional, empeñándose los responsables de telecomunicaciones del gobierno socialista en subestimar y no reconocer esta realidad radiofónica. Con anterioridad, la aprobación del Plan técnico de FM en 1989 y la posterior concesión de licencias, obtuvieron la crítica de las radios comunitarias, era un plan que no maximizaba la utilización del espacio radioeléctrico, que no contemplaba la utilización y rentabilización social, y cuya distribución de frecuencias y potencias respondían a las lógicas estatal y comercial dominantes en el sector, impidiendo en la práctica la normalización administrativa de las emisoras comunitarias, dejando de nuevo (ya lo hizo UCD en 1979) a las radios ciudadanas sin protección legal y licencia.

Las radios comunitarias se han consolidado pese a los vaivenes políticos, cooperan entre sí, definen objetivos y estrategias e incluso hay experiencias de crecimiento como la red de emisoras de Onda Verde muy vinculada al desarrollo del Movimiento contra la Intolerancia y al nuevo movimiento pacifista. Es indudable que las necesidades sociales de comunicación, la búsqueda de espacios de libertad y autonomía – como así se conciben las radios comunitarias – la creatividad popular y la experimentación comunicativa, o como diría Guettari, la expresión de las peculiaridades del deseo, están en la base que da lugar a la existencia de este tipo de emisoras, por encima de criterios que tienden a limitar o eliminar su existencia. No obstante la tentación autoritaria siempre es el principal enemigo de unas emisoras que se han convertido en termómetros de la democracia.

Hoy se está aplicando un nuevo Plan Técnico bajo el gobierno del PP y las perspectivas  no son halagüeñas, no existen visos de normalización y el nuevo escenario político presagia un endurecimiento contra las radios comunitarias. Para muestra el regalo navideño del concejal del PP del Ayuntamiento de Madrid que ordenaba la CLAUSURA de la radio comunitaria ONDA VERDE en cumplimiento del artículo 38 del Reglamento de Actividades Molestas, Insalubres, Nocivas y Peligrosas, pues esta emisora situada en una zona actualmente de gran especulación inmobiliaria (Pasillo Verde de Madrid) y con su ir y venir de jóvenes, negros, gays, pacifistas, ecologistas ... y gentes de mal sentir, según sus propias palabras, tenía que ser decapitada. Así que ante la nueva realidad, la lucha por la libertad continúa.

Montse Moreno
Directora de la Red de Emisoras Onda Verde