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En Europa, un 40% de mujeres nórdicas ha sido golpeado de forma sistemática, y mientras en Francia el 90% de las agresiones no se denuncian, en Japón es una cuestión privada. En Rusia, cada semana alrededor de 30 mujeres son asesinadas por sus parejas, siendo tres en Alemania y en España. Decenas de miles son violadas, cada año, en los campos de refugiados, por guardines, combatientes y cascos azules, 700 mil en EEUU, y 65 mil en Francia. Al mismo tiempo, en China 150.000 mujeres se suicidan, y en Pakistán, Jordania, Kurdistán y Palestina se les arranca la vida de 4000 esposas por el “honor”. En India, el feticidio de 2,5 millones de niñas ha provocado escasez de mujeres, convirtiendo el rapto y la violación colectiva de las menores en un drama diario y África sigue destruyendo la vida de 130 millones de sus hijas, mutilándolas.
En Afganistán, mientras la OTAN gasta unos 6 mil millones de dólares al mes, prometiendo paz y felicidad, los padres, desesperados, ceden a sus hijas por 15 euros, “salvándoles” del hambre.
La Europa Occidental prostituye en sus calles a medio millón de mujeres, y en la región Oriental una misma niña es vendida decenas de veces. Y en todos los países se castiga a la mujer que aborte ilegalmente o que abandone a su bebé no deseado, pero nunca al padre de la criatura.
Aun así, gracias a las conquistas de las feministas en todo el mundo, sobre todo en Occidente, hemos ganado posiciones: de subgénero a segundo sexo. Educar en igualdad e instruir en gestionar los conflictos a través del dialogo, son pasos pendientes a dar.
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